Entre las emociones humanas básicas podemos identificar 3 ó 4 negativas por cada una positiva. Te invito a realizar un sencillo ejercicio: intenta reconocer las emociones positivas que experimentas a lo largo del día. Quizás descubras lo que te cuesta nombrarlas…

Por otro lado, las emociones positivas son difíciles de distinguir. Las negativas disponen de configuraciones faciales específicas y propias que las hacen reconocibles a lo largo de las diferentes culturas (ver trabajo de Paul Ekman), mientras que las positivas no tienen expresiones faciales únicas y características. Un dato más, las emociones negativas desencadenan diferentes respuestas en el sistema nervioso autónomo, mientras que las positivas no provocan respuestas que se puedan diferenciar tan claramente.

Tradicionalmente se ha considerado que las emociones negativas cumplían una labor adaptativa, mientras que no se conocía demasiado bien la función de las positivas en la evolución del ser humano. Aunque es obvio que si carecieran de interés y utilidad, habrían desaparecido (cabe pensar).

Quizás por ello la psicología ha sido reticente a estudiar cómo potenciar las emociones positivas para poder solucionar problemas, desarrollar capacidades, sobreponerse a situaciones y obstáculos, mejorar la resiliencia y, en definitiva, contar con las estrategias e instrumentos adecuados para ser felices, que en el fondo es lo que perseguimos todos. Solo en los últimos quince o veinte años este tema ha despertado interés en el mundo científico y universitario (con los insignes precedentes de la psicología humanista de Carl Rogers o Abraham Maslow por ejemplo).

El padre de la psicología, Martin Seligman, realizó concienzudos estudios con más de 4.000 personas, concluyendo que las fortalezas y virtudes fundamentales para las personas son la sabiduría y el conocimiento, la humanidad, el coraje, la justicia, la moderación y la trascendencia. Un buen primer paso para los lectores de este artículo, sería invitaros a pensar en vuestra propia vida y en qué medida estas fortalezas están presentes en vuestra vida y cultivadas de manera consciente.

Además el profesor Seligman observó que existen 5 fortalezas que se relacionan directamente con el nivel de satisfacción que uno experimenta, en mayor grado que todas las demás. Se trata de la gratitud, el optimismo, el entusiasmo, la curiosidad y la capacidad de amar y ser amado.

No hay tiempo que perder. La vida pasa demasiado rápido y los momentos desaprovechados no son recuperables. Vivamos con conciencia, con ganas de dar lo mejor que tenemos y apoyándonos en nuestras capacidades para sentir que avanzamos y que podemos enfrentarnos a las mareas sin perder el norte y recuperándonos una y otra vez. En la medida en que demos importancia a las virtudes y las cultivemos, estaremos aprovechando esta existencia y asentando las bases de una vida plena que nada ni nadie podrá arrebatarnos.

Mónica Esgueva es autora del libro Cuando sea feliz
@monicaesgueva

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