El humor no es sólo una especie de píldora divertida para reducir el estrés. La diversión, bien canalizada, puede ayudarnos a aumentar la innovación y la productividad de cualquier empresa, y encima pasándolo bien o, al menos, con algo menos de sufrimiento.

A continuación te proponemos algunas sugerencias para potenciar la motivación en un sentido más concreto: recompensas y premios con un toque humorístico, y fórmulas para convertir las tareas en un juego.

1. Transformar la realidad

Una técnica para transformar la realidad consiste en aplicar alguna metáfora que sirva de eje principal para estimular la imaginación e ir articulando elementos lúdicos. Esto es lo que hizo Stacy Yusim, empleada de la agencia norteamericana BOCA. Tenía que montar dos simposios y la enormidad de estos proyectos la abrumaba. Decidieron tomárselo como si fuera un “programa concurso,” en el que debían adivinar los tiempos y costes, elegir a los jugadores y comprar premios para los participantes. Con esta pequeña broma compartida consiguieron llevar a cabo los simposios sin caer en el agobio y el drama.

2. Competiciones amistosas

La competición añade un elemento de juego a cualquier actividad. Puede servir para motivar a las personas a dar lo mejor de sí en sus tareas habituales, o para estimular la participación en proyectos especiales (mejora de un producto, decoración de la empresa, buscar el nombre de una revista interna…). 

3. Celebrar el éxito

Una de las mejores maneras de fomentar la motivación es celebrando los triunfos con pequeños o grandes actos simbólicos en los que podemos dar rienda suelta a la satisfacción por el trabajo realizado.

4. Recompensas divertidas

Reconocer el trabajo bien hecho es una de las maneras más eficaces de motivar a las personas. Recompensarlo con un pequeño obsequio da mayor peso al gesto. Y si añadimos un toque divertido a esta recompensa, la experiencia resulta aún más gratificante tanto para quien da como para quien recibe. Algunos regalos que se han utilizado en situaciones reales de trabajo para recompensar logros y esfuerzos incluyen desde billetes para el cine o espectáculos, hasta bonos para masajes, sesiones de risoterapia y cupones creativos como “vale por 10 minutos de silencio” o “vale por 30 segundos de tu jefe caminando como un gorila”.

5. Regalos colectivos

El concepto de la recompensa divertida puede aplicarse a un grupo entero que se lo merece. Por ejemplo, en una división de la aseguradora Kaiser Permanente, a veces durante las reuniones generales se premiaba a un equipo con un pequeño bonus de 100 dólares destinado a una actividad conjunta divertida que deberían realizar durante el horario laboral. Otro ejemplo es el de un directivo de GTE Data Services, que periódicamente sorprendía a su equipo de 80 personas con una tarde libre de cine. Invadían un cine de múltiples salas y todo corría a cargo de la empresa: entradas, palomitas, bebida… Si alguien no podía acudir recibía un vale por dos entradas para usar en su tiempo libre.

6. Regalos ocultos

Una técnica ingeniosa consiste en esconder pequeñas recompensas en el trabajo mismo. En su consulta de ortodoncia, por ejemplo, Jeff Alexander adoptó una estrategia para motivar el uso de un nuevo sistema de circulares. Metía algo goloso (galletas caseras, bombones, dinero…) en un buzón y anunciaba: “Será mejor que reviséis los buzones, a alguien le espera una sorpresa…”.
7. Regalos entre compañeros
El hecho de agradecer a alguien su trabajo con un regalo o detalle simbólico es en sí un placer. Estos motivos justifican una modalidad interesante de incentivo: extender a cualquiera la posibilidad de otorgar recompensas. En Pacific Bell, por ejemplo, crearon un programa de recompensas mutuas denominado Gotcha! (‘¡Te pillé!’). Cada persona disponía de varios bonos de $5 que podía entregar a cualquier compañero a quien “pillaba” haciendo un trabajo excepcional. Otra idea sencilla para iniciar un ciclo de recompensas la puso en práctica Carol Ann Freid de Playfair. Llevó un ramo de rosas a la mesa de un compañero, expresándole en una tarjeta las razones por las que decidía regalárselo, pero con una condición: que en media hora se lo regalase a otra persona, explicando de nuevo el motivo y con la misma condición. 
8. Recompensas a esfuerzos especiales
Cuando las situaciones requieren un ‘plus’ de trabajo es conveniente agradecer y recompensar el esfuerzo añadido. Y no está de más añadir a estos agradecimientos un toque de humor, entre otros motivos para suavizar las tensiones que puedan haberse creado a raíz de la sobrecarga laboral. La mejor manera de recompensar a alguien por trabajar horas extras es, sin duda, devolvérselas, al menos en parte. El regalo de una tarde, un día o incluso varios días para que la persona se divierta a su antojo comunica un claro mensaje de respeto hacia su necesidad de ocio. Otra posibilidad es subvencionar la diversión. En la empresa EDS llegaron a entregar cheques de $500 con estrictas instrucciones de dar una fiesta en casa y poder disfrutar con familiares y amigos a cargo de la empresa.  
9. Auto-regalos: ¡Porque sí!
Algunos afirman que el mejor regalo es el que uno se da a sí mismo (y muchas veces lo es). Por lo tanto, piensa en recompensas que te puedan motivar de camino a las metas propuestas. Prométete que al terminar una tarea o proyecto degustarás tu pastel favorito, te comprarás un capricho, visitarás una exposición que te tienta, te relajarás con un hidromasaje, viajarás con tu pareja a la Alhambra de Granada, montarás una fiesta…
10. Penitencias
En general, la zanahoria es más divertida que el palo, pero la segunda opción también puede tener su gracia según cómo y para qué. Matilda Reeder, una directiva de SABER, empresa líder de software para aerolíneas, puso un bote en su oficina en el que la gente tenía que introducir 25 céntimos cada vez que llegaban tarde, fallaban un plazo o cometían alguna otra pequeña falta. Luego el dinero se empleaba para celebraciones conjuntas y, muy frecuentemente, para donuts. En Scient, por ejemplo, quien llegara tarde a una sesión de formación luego tendría que contar un chiste o cantar una canción al final de la clase.
Eduardo Jauregui es autor del libro Alta diversión: Los beneficios del humor en el trabajo. Además de su trabajo de consultor, es Profesor en Saint Louis University.

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Twitter: @edujauregui1 Web: humorpositivo.com

 

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