A lo largo de nuestra vida vamos acumulando conocimientos. De hecho, es lo que nos dijeron: “acumula conocimientos”, “haz currículum”, “cuántos más conocimientos mejor”. El problema viene cuando nos damos cuenta de que la acumulación de conocimientos no termina de correlacionar del todo ni con las oportunidades profesionales que nos terminan surgiendo ni con los trabajos que terminamos desarrollando. Curioso. Es entonces cuando nos viene a la mente la frase “toda la vida estudiando para…”.
Aún así, seguimos muy enganchados a la pegajosa tela de araña del “cuanto más sepa mejor”. Como si padeciéramos un extraño Síndrome de Diógenes que nos hace acumular en el CV formaciones, capacitaciones, cursos de perfeccionamiento, etc.
A ver, tener conocimientos es importante y necesario, pero no es suficiente. Hoy en día no. Tener mucha formación te puede posicionar en un determinado grupo de candidatos, o ante determinadas ofertas y categorías profesionales, pero no es un hecho diferenciador y, por lo tanto, tampoco es garantía de éxito.
Vivimos en la sociedad con más formación académica de la historia, en la que existe mucho conocimiento enlatado en diplomas y currículums, que no termina de generar todo el retorno esperado a las personas.
Se hace necesario dinamizar todo ese conocimiento. El conocimiento en movimiento genera pensamiento, el pensamiento es la semilla de la acción y la acción precede a la emoción. Si quieres sentirte bien, no lo dudes, haz algo útil con lo que sabes. No esperes a que alguien cuente contigo para ello. Convierte lo que sabes en tu propuesta de valor.
No basta con decir lo que sabemos, exponer nuestros conocimientos no implica que sepamos usarlos, por ello, vamos a presentarlos de otra manera con el apoyo de estas preguntas:
  • Plantéate “¿para qué sirve lo que sabes?”. Dale al coco y respóndete a esa pregunta, pasa de lo general a lo concreto, toma todos tus conocimientos como referencia y afina en un proyecto profesional. ¿Qué eres capaz de incrementar? o ¿qué eres capaz de reducir?
  • Visualiza lo que sabes, visualiza dónde quieres trabajar, haz un ejercicio de empatía y aporta soluciones a quienes quieres que cuenten contigo: ¿qué mejoras? o ¿qué eres capaz de innovar en este sitio? No dejes que sean los demás los que te interpreten, dales tú el trabajo hecho con tu propuesta de valor bien definida. No se trata de especular con lo que sabemos, se trata de darle forma. Tus conocimientos son el material de muchas soluciones en muchos proyectos profesionales y eres tú el escultor que le da la forma adecuada. No presentes el conocimiento en bruto, presenta soluciones elaboradas.
  • ¿Qué necesidades tienen abiertas tus empleadores o colaboradores?, ¿puedes satisfacerlas tú?, ¿con qué obstáculos se encuentra y qué riesgos asume la persona que quiere contratarte?, ¿puedes jugar algún papel positivo?, ¿puedes contribuir al éxito de la empresa de alguna manera? Olvídate de generalidades, ve al grano, responde con concreción. La definición de la propuesta de valor es un ejercicio de empatía y creatividad, orientada a los demás, a sus procesos y resultados.
Ánimo, merece la pena, y probablemente haya pocos ejercicios de autoconocimiento tan prácticos y rentables en la búsqueda de empleo.
David Barreda genera experiencias de aprendizaje para el desarrollo de personas y equipos, dinamizando el pensamiento y facilitando la gestión de las relaciones a través de procesos formativos, sesiones de coaching e impulsando procesos de Marca Personal.

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