Marta Williams, fundadora y CEO de Williams and Associates y Profesora Adjunta del Instituto de Empresa, lleva más de dos décadas acompañando a cientos de ejecutivos en Europa en su desarrollo profesional. Su misión es ayudar a los directivos a desencallar hábitos negativos y a encontrar pasión por lo que hacen. En esta entrevista nos habla de la importancia de tener pasión en el trabajo y de por qué la valentía debe ser algo que los directivos siempre tendrían que tener presente.
¿Por qué es importante la pasión en el trabajo?
No estoy segura de cuántos directivos sienten pasión por lo que hacen, pero lo que sí está claro es que cuando trabajan con pasión son mejores ejecutivos. Uno de mis poetas favoritos, Rumi, una vez dijo: Naciste con alas, ¿por qué conformarte con gatear en esta vida? La mayoría de la gente tiende a escoger la seguridad por encima de la realización de sus sueños y acaban trabajando dentro de su zona de confort porque es seguro, incluso si odian su trabajo.
La seguridad es una ilusión…
Sí, la zona de confort, aunque parezca segura, en el fondo es una ilusión. Nada es nunca seguro en esta vida. Trabajar con pasión es darse una oportunidad a sí mismo y al futuro.
Hay personas que no pueden permitirse dejar el trabajo para perseguir un sueño
Son decisiones muy difíciles, pero hay casos extremos en los que a veces la vida no te da opción. En una de nuestras sesiones de coaching, una de mis alumnas me explicó que su jefe le pidió que hiciera algo que no era ético y rozaba la ilegalidad. Cuando vino a verme me explicó que no sabía qué hacer porque su marido había perdido el trabajo, tenía dos hijos que mantener y una hipoteca que pagar.
¿Qué le recomendaste?
Como coach nunca puedes tomar decisiones por los demás. Lo único que puedes hacer es hacer preguntas que los ayuden a tomar las decisiones adecuadas. Le dije que le preguntara a su jefe qué le pasaría si en la compañía descubrían lo que había hecho. Dos días más tarde vino a mi consulta y me dijo que seguramente iría a la cárcel por ello. Se arriesgó y dejó su trabajo a pesar de la inseguridad de las cargas familiares. Empezó a perseguir su pasión. Al poco tiempo encontró un muy buen trabajo exactamente de lo que buscaba.
Fue un golpe de suerte
Tal vez sí, tal vez no. Cuando decides seguir tu pasión las cosas se alinean porque estás siguiendo tu destino. Recuerdo el caso de una ejecutiva que lo dejó todo y decidió vivir apostando por su pasión. Cuando dio el salto y dejó el trabajo, gente que jamás se le había acercado empezó a ayudarla. Creo que hay algo en la pasión que hace que sigas adelante y atraigas cosas buenas hacia ti porque dejas de excusarte por cosas que no deberías haber hecho. Ella eligió su destino por encima de la seguridad. Y funcionó. Parte de la pasión es ser lo suficientemente valiente para ser capaz de hacer algo así.
¿Cómo se despierta la pasión?
El primer paso es aprendiendo a salir de tu zona de confort. El segundo paso es no dejar que tu pasado te limite, permitirte sentir pasión y aprender a soñar e imaginar hacia dónde quieres llegar. La gente que trabaja con pasión se ven a ellos mismos en el futuro, intentan dar lo mejor de sí mismos y no se preocupan demasiado por la percepción que los demás puedan tener de ellos.
¿Se puede ser un buen directivo sin pasión?
El directivo que siente pasión por lo que hace suele ser el que logra que los trabajadores digan que es el mejor jefe que nunca han tenido. Para conseguir que digan esto de ti, tienes que vivir con pasión y sentir pasión por querer hacer que las personas que te rodean crezcan. El único motivo por el que un trabajador diría algo así es porque lo ayudaste a dar lo mejor de sí mismo. Preocuparte para que los demás crezcan y alcancen su máximo potencial requiere dosis importantes de pasión y es la fórmula que te permite convertirte en un gran ejecutivo.
¿Qué le recomendarías a un directivo que no siente pasión por su trabajo?
Cuando pierdes la pasión es más difícil ser feliz. No siempre es posible, pero a veces puede llegar a ser necesario tomar medidas drásticas para mejorar la felicidad. Hay trabajadores que me han dicho que odian su trabajo, que no quieren estar allí, que no nacieron para hacer esto. Una vez un ejecutivo de alto nivel en una compañía española me dijo que cada mañana se levantaba deseando tener otra vida.
¿Qué le dijiste?
Le pregunté qué quería hacer y, por sorpresa mía, me dijo que sería mucho más feliz abriendo una tienda de flores. Le animé a ir a la empresa a convencer al director general y a Recursos Humanos para que lo dejaran marchar. Lo consiguió. Abrió la tienda de flores y ahora es mucho más feliz que cuando era directivo.
¿Qué preguntas son las que te traen más sorpresas en las sesiones de coaching?
Una de las que brinda más sorpresas es, ante una problemática, preguntarle al ejecutivo qué le diría su suegra sobre este tema. Cuando hago esta pregunta la sala se llena de un silencio absoluto y el directivo siempre me mira con cara de póquer. Si su suegra, su mujer, su jefe, sus compañeros de trabajo y sus amigos comparten un punto de vista similar, es probable que algo de razón tengan y sea necesario que el ejecutivo haga un cambio en su comportamiento. Cuando los directivos llegan a este punto y se dan cuenta, por más que les duela admitir que su suegra tiene razón, entonces suelen cambiar para mejor muy rápido y se arriesgan. 
El ego puede ser un gran obstáculo para cambiar
A menudo los directivos que llegan a la cima suelen tener un gran ego. He tenido casos de directivos de muy alto nivel que no querían hacer este proceso de coaching y que sólo lo hacían porque la compañía se lo había pedido. Una vez un directivo me preguntó: ¿Qué crees que sabes que yo no sepa? Le respondí que obviamente no tenía ni idea de cómo liderar su compañía ni sabía nada que él no supiera, pero que podía ayudarle a arreglar algunos de los problemas que lo mantenían despierto por las noches.
¿Cómo reaccionó?
Me miró con los ojos bien abiertos y empezó a explicarme las cosas que lo mantenían despierto por las noches. Le dije que seguro que parte de sus preocupaciones eran financieras y en este punto yo no podía hacer nada. Pero que otro motivo importante podía ser inspirar a su gente para que dieran lo mejor de sí mismos y aquí sí que podía ayudarle. Nos hicimos muy buenos amigos y consiguió cambiar a mejor.
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