La personalidad es como un traje. Si quieres disponer de una prenda resistente que se ajuste a tu autoestima y que te dé un estilo propio deberás ser tu propio sastre. Selecciona muy bien aquellos tejidos que crees que te pueden encajar mejor: debes ir cosiendo a tu comportamiento aquellos rasgos que te hagan reconocible, diferente, pero previsible (ante ti  y  los  demás). En definitiva, un traje que te permita asistir y resistir a todas las fiestas y batallas que a lo largo de la pasarela de la vida vas a tener que librar.

 ¿Es estable la personalidad?

Los rasgos que nos definen a cada uno como por ejemplo la extraversión, afabilidad, ansiedad, dominancia, autocontrol, etc. y que hacen que nuestro comportamiento sea en parte previsible ante una determinada situación… ¡son temporalmente estables!
Lo constato formalmente cada vez que comparo la evaluación realizada a una persona en dos periodos temporalmente distintos. E informalmente, cuando observo la evolución del comportamiento de los amigos o cuando en algún encuentro con ex compañeros, estos juegan a parecidos papeles a los que lo hacían años atrás. En definitiva que, si además de las fotos, alguien hubiera hecho y guardado una del perfil conductual, comprobaría que cambiamos más en nuestros rasgos físicos que en los comportamentales.

La estabilidad en los rasgos no es un límite para la mejora

Decir que los rasgos de personalidad de cada uno de nosotros son estables no debe ser entendido en ninguno de los casos  como un límite para mejorar nuestra posición en cada uno de ellos.
Imaginemos que la puntuación de un individuo en el continuo “Intraversión vs. Extraversión” se sitúa en el rango inferior de intraversión,  y que por razones profesionales o personales desea mejorar su posición en este rasgo.
El primer paso que debe dar es disponer de una evaluación al respecto, pero no realizada de una forma intuitiva como hacemos todos al observar a los demás, sino aplicando una metodología sistemática y con los instrumentos de los que hoy disponemos los psicólogos.
El segundo paso es planificar una intervención orientada a provocar ese cambio, en el que el evaluado debe ser consciente de que no podrá pasar de introvertido a extravertido, pero sí que podrá subir su puntuación en el continuo intra/extraversión.
Podemos y debemos adquirir conocimientos especializados, competencias técnicas, experiencias y habilidades, pero la única competencia clave a la hora de alcanzar nuestras metas personales y o profesionales es la personalidad. Éste es el factor diferencial que, actuando sobre el resto de capacidades, nos va a permitir obtener unos u otros resultados finales.
Constantino Montañés es autor del libro “Secretos para encontrar el mejor empleo”. Licenciado en psicología, ingeniero técnico industrial y diplomado en dirección por el IESE, actualmente es codirector en Montañés i Solé y miembro de la Comisión de Inserción laboral de PIMEC
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