Una de las cosas más dramáticas que nos pueden ocurrir a nivel profesional es “caer” en un proceso de zombificación laboral, o como describe Lofti El-Ghandouri, entrar en lo que se llama “un despido interior”.
¿Cómo llegamos a este punto? Imagínate que empiezas un nuevo reto profesional. Tu expectación y motivación al inicio son altas, tu aprendizaje está alerta, afinas la creatividad, te entregas y te comprometes. Progresivamente, la realidad nos modela estas actitudes.
Conforme se nos cruzan los obstáculos, algunos naturales a las tareas que desempeñamos y otros artificiales (estos son los que más nos queman), la mochila comienza a pesarnos. Las iniciativas que traíamos al principio rivalizan con la necesaria superación de las incidencias diarias.
La motivación decae. No nos complicamos mucho la vida. Nos limitamos a cumplir con el expediente. Ya somos zombies laborales… presentes de cuerpo, ausentes de espíritu.
Algo similar puede ocurrirnos cuando estamos inmersos en un proceso de búsqueda de empleo. Ponte en situación, en ese momento inicial en el que estás diseñando tu candidatura, quieres ofrecer lo mejor de ti y tener acceso a proyectos en los que desarrollar tus competencias. Empiezas a moverte. Aún sabiendo que no será sencillo, la falta de resultados y los silencios van agotándote emocionalmente.
Te cuestionas, ¿sirve para algo lo que estoy haciendo? Poco a poco, las iniciativas se van apagando. El cansancio, como actitud, es cada vez más recurrente y repercute en tus acciones. Hacemos lo justo para no sentirnos culpables e incluso hay días en los que no cumples con lo que te propones (piensas “total, ¿para qué?”)… te estancas, te frustras, tu postura declina. Estás en “desempleo interior”.
No es fácil romper esta espiral, pero no es imposible y es necesario salir de ella. De poco sirve culpar al entorno y las circunstancias de nuestra situación. Esta es una forma de victimizarnos muy poco efectiva. Tampoco nos ayudará tener el foco en el cumplimiento de nuestras expectativas (fantasía) o en los propios resultados (rara vez, un resultado depende al 100% de nosotros).
Llega el momento de cambiar de enfoque. De pasar de una “Búsqueda Activa de Empleo” a una “Búsqueda Proactiva de Empleo”. En la primera “buscas empleo”, en la segunda “ofreces valor”. En la primera “ganas cuando te emplean”, en la segunda “creces con el proceso”. La “Búsqueda Proactiva de Empleo” nos capitaliza emocionalmente al mismo tiempo que nos genera el máximo de oportunidades. Nos focalizamos en aquello que está en nuestra mano y nos activa.
Depende de nosotros desarrollar, con nuestras competencias, un proyecto profesional estructurado y coherente. No tenemos que esperar a nada ni a nadie para hacerlo: buscar maneras de ofrecer nuestra propuesta que nos aporte valor y visibilidad; ser explícitos y concretos en aquello que somos capaces de producir, incrementar, mejorar o innovar… y compartirlo; facilitar que nos asocien con determinadas soluciones a problemas concretos; provocar conversaciones valiosas con contactos significativos; aprovechar cada respuesta, negativa o positiva, para enriquecer nuestra propuesta; ser creativos en darle cuerpo a esta estrategia; cuidarnos, respetarnos y tomar conciencia de lo que somos, más allá del ámbito profesional.
Vamos allá.
David Barreda genera experiencias de aprendizaje para el desarrollo de personas y equipos, dinamizando el pensamiento y facilitando la gestión de las relaciones a través de procesos formativos, sesiones de coaching e impulsando procesos de Marca Personal.

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