Desempleado y enfadado con el mundo

Cuando uno está desempleado puede tener momentos de cólera y de frustración, pero todo ello nos hace perder una gran dosis de energía

4 Mayo, 2016
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Mónica Mendoza

Psicóloga, consultora y experta en ventas
Hace más de 15 años que trabajo impartiendo clases de marketing y ventas para empresas y temas relacionados con la entrevista laboral para ayudar a personas desempleadas. 
 
Soy psicóloga y tengo una empresa en la que también realizamos procesos de selección. Reconozco que  a veces me siento impotente porque entrevisto a un candidato con un perfil que traslada mucha ilusión y ganas de trabajar, pero que no encaja en lo que me pide el cliente, ya sea por alguna competencia o conocimiento específicos. 
 
Sé de sobras que cuando estamos en situación de desempleo la autoestima baja. Parece que en esta sociedad eres lo que seas capaz de "producir" y, cuando dejas de producir, ya no eres nadie. A esto se le suma que casi todos tus amigos y contactos trabajan, que vienen gastos todos los meses, que - en algunos casos - queda poco para que finalice la prestación por desempleo… y claro,  la ansiedad en ese momento va "in crescendo".
 
Lo entiendo. Entiendo que este mundo no es justo y que muchas veces se ponen a trabajar personas con enchufe en vez de otras más capacitadas (teniendo en cuenta que también hay enchufados muy capaces). Veo también con impotencia cómo las personas de más de 45-50 años disminuyen su grado de empleabilidad. 
 
Entiendo que una persona desempleada esté, por todos estos motivos, enfadada con el mundo. Visitando el blog de Orientación laboral de InfoJobs - donde podéis leer y encontrar consejos interesantes que os pueden ayudar en vuestra búsqueda empleo - he podido leer comentarios que transmiten desesperación y frustración por la situación actual del mercado laboral. Lo que os puedo decir es que ¡nunca os rindáis y nunca perdáis la esperanza!
Y para poneros un ejemplo de que podéis lograrlo os cuento lo siguiente: mi community manager es una mujer de más de 50 años, lleva trabajando conmigo más de un año y estoy encantada con su trabajo. Otro ejemplo más: a mi secretaria, que se llama Marina, la contraté cuando tenía 50 años y estoy más que satisfecha por su labor (debo reconocer que no podría vivir sin ella). Y como yo, hay entrevistadores que miran más allá de la edad, que son capaces de ver en los ojos la calidad humana y profesional de la persona que tienen delante sin prejuicios.
 
Me gustaría acabar este artículo con una pequeña reflexión.  
 
Es verdad que cuando uno está desempleado puede tener momentos de cólera y de frustración, pero todo ello nos hace perder una gran dosis de energía. Aunque algunos días cuesta más que otros levantarse… ¡hay que seguir y no caer en un bucle de desánimo y desazón! No estoy diciendo que sea fácil, pero podéis conseguirlo si os lo proponéis.
 
Y como comentaba al principio de este artículo: lo sé...la vida a veces no es justa, pero al menos en las variables que nosotros podemos manejar, ¡intentemos trabajarlas a tope! Recordad además que, en los tiempos actuales con tantas personas preparadas, tan importante es ser bueno como parecerlo y desde el desánimo y la desazón no transmitimos lo mejor de nosotros, de esto estoy segura. 
 
 
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