Cómo transformar tu frustración en pasión

Puede que parezca algo naif, pero esa transformación no solamente es posible, sino que además es relativamente fácil de alcanzar

9 Ene, 2014
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Beatriz Fernández

Teacher of Grinberg Method
Normalmente percibimos la frustración como una fuerza que nos quita la iniciativa y la energía; una emoción “negativa”.  La frustración nos puede llevar a diferentes acciones, siendo una de ellas la “no acción”, el estancamiento. Pero también nos puede llevar a ser más creativos, a intentarlo por otro lado, a insistir hasta conseguir lo que queremos.
 
Por ejemplo, nos presentamos –de nuevo sin éxito- a nuestra quinta entrevista de trabajo. La frustración nos puede llevar tanto a cambiar totalmente nuestra estrategia de búsqueda o la manera de presentarnos, como a deprimirnos, dudar de nosotros e ir a la siguiente entrevista “sabiendo” que vamos a fracasar.  Entramos entonces en una espiral descendente donde vamos perdiendo cada vez más confianza y motivación. Nuestro cuerpo crea un estado de inmovilidad en el que nos sentimos asfixiados y faltos de recursos.
 
En mi experiencia de trabajo con gente he comprobado que podemos parar este mecanismo destructivo cuando paramos la inmovilidad –física- que creamos en el cuerpo.
 
Te ofrezco aquí un ejercicio de atención al cuerpo que puedes practicar cuando te sientas frustrado, como un primer paso para llegar a esta finalidad:
 
1. Siéntate en una silla, de manera que los pies se apoyen en el suelo. Cierra los ojos y presta atención al cuerpo.
 
2. Nota cómo sientes físicamente la frustración, qué esfuerzos estás creando. Nota las zonas del cuerpo que están tensas o contraídas, nota la sensación general del cuerpo.
 
3. Presta atención a una zona del cuerpo donde notes claramente tensión (el pecho o la parte alta de la barriga o el entrecejo o las mandíbulas, etc…). No intentes relajarla, sino que lentamente ve incrementando esta tensión.
 
4. Nota como toda tu actitud se va intensificando conforme aumentas la tensión en esa zona (estás más rígido o más pesado, o más preocupado, etc). Lleva toda esa tensión a un punto de máxima intensidad, donde toda tu atención y energía estén envueltas.
 
5. En ese momento suelta de golpe toda la tensión. Respira hondo y asegúrate que has soltado el esfuerzo. Sigue respirando ampliamente durante unos minutos más.
 
Es suficiente con que al principio identifiques algunas zonas de tensión, aunque todavía no puedas relajarlas totalmente; si practicas regularmente este ejercicio de atención, comprobarás que el efecto es cada vez mayor.
 
Como decía arriba, experimentar la fuerza de la frustración como pasión y motivación es relativamente sencillo; un entrenamiento regular te permitirá mantener esta experiencia en tu vida. ¡Te invito a seguirlo!

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