Quedarse sólo con lo negativo, anticiparse a los acontecimientos, quejarse continuamente, etc. de poco sirve si lo que queremos es trabajar. No se trata de ver nubes de algodón donde hay un intenso humo negro, pero tampoco de lo contrario.
 
Estar desempleado no es una situación agradable, más cuando el escenario económico del país no es el mejor. El largo camino recorrido, o por recorrer, puede conducirnos a la queja y proyectar nuestra frustración sobre agentes externos: el gobierno, los políticos, las empresas… Tenemos todo el derecho a quejarnos y, dentro de nuestras posibilidades, a hacer todo lo posible para lograr un mundo y una sociedad mejores, pero nunca hemos de caer en el modo queja o en el victimismo crónico o convertirnos en personas tóxicas permanentes. 
 
El otro día leía esta frase de Almudena Cid en el libro Prohibido gritar: "No hay que esperar a que nadie haga nada por ti". Y así es. La situación económica podría ser mejor, las condiciones laborales también, pero al fin y al cabo vivimos un momento que es el que es y sobre el cual hemos de actuar. 
 
No podemos esperar que por el simple hecho de que fuese otro el escenario del país, nuestro estatus fuese mejor. Hemos de encontrar un empleo y hemos de adaptarnos al contexto que hay si lo queremos lograr. Y para ello, de poco sirve proyectar todas nuestras energías en la queja y, lo que es mucho peor, convertirnos en mártires del sistema. 
 
De nada sirve buscar culpables continuamente o hallar consuelo en el lamento, esto solo nos conduce a seguir igual, sin empleo. Pero nuestro objetivo es otro. 
Si te has postulado como candidato en varias ofertas y te descartan en todas, tendrás que optimizar tu perfil y diferenciarte de la competencia; si no tienes experiencia profesional, tendrás que adquirirla de algún modo; si la entrevista de trabajo es tu punto débil, trabaja para superarla con éxito; si en todas las ofertas piden idiomas, invierte tu tiempo en aprenderlos; si consideras que las condiciones laborales no son las deseadas, una vez consigas trabajo sigue buscando algo mejor. Sustituye las quejas por la acción, es la única manera de logar tu objetivo. 
 
Pero también se puede dar el caso de que no seas tú quien sea el negativo, sino alguien de tu entorno: cuidado con las personas tóxicas, esas que afrontan la vida desde la negatividad, poniendo obstáculos a todo, viendo o inventándose problemas ante cualquier circunstancia, dando soluciones vacías a los problemas ajenos. 
 
Hay personas tóxicas que llegan a ser paranoicas. Huyamos de ellas. "Está la cosa muy mal, no conseguirás nada"; "¿Para qué te vas a presentar si ya está decidido?"; "A mí nunca me han llamado cuando he presentado mi CV, no pierdas el tiempo"; "Vaya basura de trabajo, seguro que son unos explotadores", etc. Nuestra actitud positiva, activa y luchadora se puede ver tan mermada que acabemos por no hacer nada y, lo que es peor, sentados en la consulta del psicólogo. Y no por nosotros, sino por culpa de la reiterada recepción de toxinas que nos habrán contaminado, ahogado nuestras ilusiones y anulado nuestra capacidad de lucha para lograr un empleo. Si queremos mantener la fuerza y la motivación necesaria, hay que poner tierra de por medio con estas personas. 
 
Tal y como relato en el Libro de ruta del emprendedor: "Vincularnos a este tipo de gente no es conveniente, ni para nosotros ni para nuestro proyecto. Un llanto comedido a tiempo es una buena terapia para el desahogo y el aliento. Un exceso crónico y continuado de esta medicina conduce a la peor de las depresiones". 
 
David Sánchez Sáez es licenciado en Geografía y trabaja en el ámbito del empleo, la formación y la investigación. Es autor de El libro de ruta del emprendedor.

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