A veces parece que el error es un monstruo que nos da miedo e intentamos evitar a toda costa que entre en nuestra casa. Y si a pesar de nuestros esfuerzos se nos acaba colando por la ventana, lo escondemos por miedo a que los vecinos lo sepan.

Así es como funcionamos, aunque no desde siempre.

De niños, nos equivocábamos cada día. Por ejemplo, un bebé se equivoca cientos de veces aprendiendo a andar. Estos errores son calibraciones para conocer cuáles son los límites de su cuerpo y qué movimiento le hace perder el equilibrio y cuál no, hasta que logra caminar. Los errores son necesarios, imprescindibles durante el período de aprendizaje.

Si siendo niños, el error forma parte del acierto, del aprendizaje, del descubrimiento… ¿En qué momento empezamos a considerar el error como algo malo, vergonzoso y/o que queremos evitar? 

Puede que suceda durante nuestra educación escolar, donde nos enseñan a “hacer las cosas bien”. El que se equivoca o “falla”, suspende. El que lo hace “bien”, tiene buena nota. Se valoran los resultados y no tanto el esfuerzo cuando debería ser al revés. Se trata tan solo de una hipótesis: quizá tenga que ver y quizá no sea tan relevante. 

El hecho es que para aprender necesitamos equivocarnos y si no nos estamos equivocando es que no estamos probando algo nuevo para aprender. 

En las empresas, la cultura del error no está extendida. Aunque es imposible que las personas hagamos nuestro trabajo sin ningún error, cuando es necesario improvisar, probar, crear, adaptarse, etc… Y si es así, algo estaremos haciendo mal ya que muy posiblemente no estamos arriesgando, no estamos intentando, no estamos innovando. 

En Hublot Genève, una empresa suiza de relojería, bonificaban a los empleados que se equivocaban con 1.000 €. Era su inversión para potenciar la cultura de probar y arriesgarse. En ella, cada lunes se reúnen los departamentos y comparten los errores de la semana anterior. Eso les permite aprender de los errores de los demás, analizar cómo no se hacen las cosas y, sobretodo, es un gran aprendizaje para la persona que se ha equivocado. 

Los fracasos son pasos necesarios para el éxito. Necesitamos aprender de nuestros errores: si no los hay, no hay actividad. 

Al fin y al cabo, el fallo no es una excepción, es la norma. Equivocarse es algo natural. El error es constructivo, aunque no siempre lo vemos así. Depende de cómo vemos nosotros nuestros propios errores y cómo nos sentimos al respecto. Se puede ver el fracaso como una muestra de que no tienes suficiente talento. Otra forma mucho más positiva de ver el error, es como algo que es fruto del desarrollo de tu talento, de tu  esfuerzo y tesón.

Y a partir de ahora, ante una equivocación… ¿Te castigarás o te premiarás por haber intentado hacer algo de una forma diferente?

El cambio empieza por uno mismo. ¿Te imaginas que tú y todas las personas de tu alrededor empezaseis a ver el error y el fracaso como un acto de valentía?

Enlaces de interés

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Twitter: @TheBraveLiving

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