No hay una fórmula secreta para el liderazgo. Contrariamente a lo que muchos libros y revistas predican, convertirse en un buen líder es un proyecto vital que se nutre de nuestros conocimientos, pero también de la experiencia que con los años vamos adquiriendo. Sistematizar el liderazgo a través de fórmulas, trucos y consejos es simple y llanamente inútil, puesto que el liderazgo, como la vida, está compuesto por experiencias (buenas y malas) y se construye a través del carácter. Es, en ese sentido, un proyecto personal e intransferible.
Carácter y liderazgo
El liderazgo necesita estar basado en el carácter. La crisis económica actual es un buen ejemplo del caos al que nos han llevado algunos líderes sin carácter. Este es el obstáculo que les ha impedido ser capaces de enfrentarse a la avaricia del sistema capitalista. La ausencia de carácter, pues, ha impedido su capacidad de liderar.
El modelo de liderazgo por carácter propone a los directivos centrar sus esfuerzos en explorar su carácter, porque solo de este modo conseguirán desarrollar el liderazgo de manera consciente y efectiva. Así mismo, tendrán que conocer muy bien el entorno para encajar en el grupo y hacerse verdaderamente responsables del proyecto que pretenden liderar.
Un modelo griego
En realidad, el modelo de carácter para el liderazgo no es nuevo. La civilización griega dedujo que el carácter estaba compuesto por cuatro virtudes: el coraje, la templanza, la justicia y la sabiduría. Más tarde, los líderes del siglo I añadieron la esperanza, el amor y la fe. De hecho, la fe es un elemento central en este modelo de liderazgo, puesto que es la que permite a los humanos creer y apostar por aquello que todavía no han podido probar racionalmente.
Los siete elementos del carácter
El carácter, pues, se compone de siete elementos que trabajan de manera conjunta y que pueden describirse tal que así:
La fe: O lo que sería el liderazgo entendido desde unos valores positivos de base que se manifiestan a través de acciones y hechos.
La justicia: Liderar haciendo lo correcto y lo más justo para los demás, aunque la situación sea complicada y difícil. Estimular y ser generoso con el equipo. Esa es la clave.
La templanza: Los líderes también tienen que ser humildes. A esta característica, esencial para el desarrollo de cualquier persona, hay que unirle el autocontrol y la pasión por llevar adelante cualquier proyecto.
La esperanza: Se trata, sin duda, de un componente muy unido a la fe para llevar a un equipo al éxito, aunque el entorno sea complejo y las perspectivas, difíciles.
La sabiduría: Decíamos al principio que el líder debe acumular experiencias y conocimientos para nutrir su carácter. La sabiduría consiste, precisamente, en aplicarlos de manera efectiva.
El amor: Es un componente fundamental para liderar con preocupación y sincera empatía a los componentes de nuestro equipo.
El coraje: Profundamente necesario para liderar con valentía y ser capaz de aprovechar todos aquellos retos y oportunidades que van surgiendo por el camino.
Aparte de estos siete componentes fundamentales, el modelo de carácter en el liderazgo contiene 36 conductas que nos permitirán empezar a desarrollar estas habilidades. Y aunque no se trata de una fórmula mágica, el modelo constituye una hoja de ruta básica para empezar a enfrentarnos con acierto a los principales retos actuales, cuyo foco está precisamente centrado en el carácter y el liderazgo.

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