Cómo enfadarse eficazmente

Cuando nos enfadamos producimos una energía que, bien encauzada, puede convertirse en una poderosa aliada

26 Jun, 2013
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Beatriz Fernández

Teacher of Grinberg Method

¿Para qué sirve el enfado? Normalmente consideramos el enfado o la ira como algo malo. Lo experimentamos como algo explosivo que destruye sin selección, algo que debemos evitar, que no nos lleva a ningún sitio… Incluso hay gente que no se enfada nunca...

Pero si nos detenemos un segundo y observamos este fenómeno, notaremos que cuando nos enfadamos:

  • Nuestra temperatura aumenta
     
  • Nuestro pensamiento se concentra exclusivamente en lo que nos ha hecho enfadar
     
  • Sentimos una energía desbordante
     
  • Nuestra respiración se acelera


¿Acaso no es un estado envidiable para conseguir lo que queremos?

Cuando nos encontramos con una situación que nos disgusta, nuestro cuerpo empieza a producir una intensa energía que tiene como objetivo rechazar lo que no queremos. Bien utilizada, esta energía nos lleva a estar más despiertos, atentos y capaces.

Sin embargo, habitualmente consideramos el enfado y la rabia como emociones negativas y reaccionamos a ellas. Contraemos la barriga, tensamos las mandíbulas… Creamos rigidez en diferentes partes del cuerpo en un intento de controlar esa fuerte emoción. Cuando lo hacemos, nos convertimos en víctimas de nuestra ira, en vez de usarla.

Tenemos la idea de que utilizar nuestra rabia es gritar y perder el control, pero utilizar esta fuerza quiere decir ser más efectivos, poder expresar con determinación lo que queremos, poder poner límites concretos, saber decir NO a algo y –la otra cara- saber decir SÍ.

¿Cómo hacerlo? Te propongo un ejercicio; la idea es utilizar toda la energía de la rabia en conseguir lo que queremos en vez de en ponernos rígidos, tensarnos o contraernos. La próxima vez que te enfades, utiliza dos minutos antes de actuar.
 

6 pasos para gestionar el enfado

  1. Presta atención a tu cuerpo. Nota las tensiones que estás creando en diferentes zonas, nota cómo respiras.
     
  2. Elige la parte del cuerpo que esté más tensa y nota cómo creas la tensión (contraigo las mandíbulas, o cierro el pecho, o creo un nudo en el estómago, etc)
     
  3. Exagera ese esfuerzo (contrae más en las mandíbulas, o cierra más en el pecho, o haz más fuerte el nudo en el estomago, etc)
     
  4. Cuando la contracción o esfuerzo sea intenso, relaja esa parte del cuerpo. Hazlo de una vez, no lentamente, suelta de golpe todo el esfuerzo.
     
  5. Respira profundamente y asegúrate de que el cuerpo está relajado. ¿Tienes más energía? ¿Estás más despierto y concentrado?
     
  6. Piensa ahora de nuevo en la situación que te ha hecho enfadar y decide -sin dejar de respirar- qué quieres hacer.


Si te mantienes relajado utilizando toda esta energía notarás que actúas con una mayor determinación, claridad y contundencia. ¡Notarás lo eficaz que es el enfado!

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