Los líderes de verdad son de carne y hueso. Cuentan, de hecho, con una asombrosa capacidad de sacrificio. Y es que la genética no es suficiente para desarrollar la madera de líder. Los que quieran dirigir aprenderán dirigiendo, es decir, ejercitando el músculo del liderazgo. Pero, ¿cuáles son las verdaderas cualidades del buen líder?
Capacidad para trabajar en equipo
El éxito de un equipo de trabajo es siempre colectivo. La misión del líder es, sin lugar a dudas, la de capitanear el liderazgo, aunque lo cierto es que cada vez está más extendida la visión del liderazgo individual. Todas las personas, en su puesto y con su responsabilidad, están en el deber moral de cumplir con su trabajo, aunque el proyecto sea de naturaleza cooperativa. De hecho, el verdadero líder se hará notar poco. Trabajará con el objetivo de convertirse en una persona prescindible para decir adiós cuando haya cumplido su papel con plenitud.
Hoy se reclama del líder una actitud humilde que le permita ser capaz de reconocer sus carencias y de pedir ayuda cuando la necesite. Dijo Ortega y Gaset: “Vivir es sentirse perdido. El que lo acepta ya ha empezado a encontrarse, ya ha comenzado a descubrir su auténtica realidad, ya está en lo firme […]”. Preguntar o pedir ayuda no son manifestaciones de ignorancia o debilidad, sino actitudes positivas que propician el aprendizaje y construyen día a día un entorno más productivo.
Como líder, además, la persona ha de ser una generadora nata de confianza. Solo así conseguiremos que los que nos rodean empiecen a confiar en sus propias habilidades. La confianza conecta las expectativas, el rendimiento, la inversión y los resultados.
Coherencia y ejemplo
Que nuestro equipo nos acompañe depende, única y exclusivamente, de nosotros. Abrir el camino para que nuestros colaboradores estén dispuestos a seguir nuestras huellas no es difícil, pero conviene contar con una sólida trayectoria sustentada en la coherencia. Lo que decimos y lo que hacemos debe ir en perfecta comunión.
Comunicarse es vivir 
El modelo del líder aislado e incomunicado ha pasado a mejor vida. El responsable de cualquier organización debe estar en permanente contacto con los miembros de su equipo y acercarse a las personas para hablar directamente con ellas. Se trata de ser accesibles, de vivir la empresa.
El liderazgo es autenticidad 
Decía Miguel de Unamuno: “No te creas más, ni menos, ni igual que otro cualquiera, que no somos los hombres cantidades. Cada cuál es único e irrepetible; en serlo a conciencia pon tu principal empeño”. El líder no puede estar a merced de las circunstancias externas. Una fuerte personalidad debe acompañarle para ser auténtico y desarrollar su actividad dentro de la empresa de acuerdo con unos criterios y actitudes firmes.
Ser ético y gestionar acertadamente los conflictos
Idealmente, el liderazgo ha de sustentarse sobre un amplio abanico de valores positivos y éticos. Trabajar para la justicia social es la única forma de colaborar en la consecución de un mundo más justo. A esta actitud, altamente positiva, hay que añadir la inmensa capacidad que debe poseer un líder para gestionar conflictos de la forma más acertada. En este sentido, puede resultarnos de gran ayuda la figura de un coach que nos dé las claves para resolver inteligentemente los problemas que de manera inevitable surgirán y que conviene gestionar con diligencia. Asimismo, la correcta gestión de los fracasos es clave para convencer a nuestro equipo de que cualquier revés aporta lecciones que nos ayudarán a afrontar mejor el futuro. Superar estos baches de manera conjunta nos permitirá relativizar y crear sinergias mucho más positivas en el seno de la organización.

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