El miedo es una respuesta emocional natural hacia una amenaza, como el dolor y el peligro. Es innato, lo que significa que está presente en todos los seres humanos desde que nacemos.

Por fortuna, a diferencia de lo que ocurría hace miles de años, las amenazas a las que nos enfrentamos hoy en día rara vez son mortales. Es más, algunos de nuestros temores no son ni siquiera justificables: una investigación realizada muestra que el 90% de lo que nos preocupa nunca ocurre.

Sin embargo, nuestra respuesta emocional es la misma que la que teníamos hace miles de años. Tenemos miedo de asumir responsabilidades, hablar en público, iniciar un nuevo proyecto, pedir un aumento de sueldo, examinarnos, dejar un trabajo que nos disgusta, o incluso de hablar con esa chica (o chico) que nos encanta.

El miedo, junto con la alegría, la tristeza y el enojo son parte de nuestras emociones básicas o innatas. Según la ciencia el miedo está controlado por una pequeña parte de nuestro cerebro llamada amígdala. Algunas investigaciones realizadas (con ratas) han demostrado que cuando se destruye o extirpa la amígdala muestran menos miedo (incluso a los gatos); lo que hace que sean fácilmente capturadas por ellos.

Es decir, hipotéticamente, sin amígdala seríamos capaces de hablar en público sin esfuerzo, dejaríamos los puestos de trabajo que no nos satisfacen para buscar una vida mejor y nos acercaríamos a quien nos gusta sin miedo a ser rechazados. Sin embargo, también seríamos capaces de saltar de las torres sin paracaídas creyendo que podemos volar, o caminar en medio de una autopista y terminar atropellados. El miedo, pues, cumple una función, pero hay que controlarlo para que no nos impida llevar a cabo las acciones que pueden mejorar nuestra vida.

¿Cómo se puede superar el miedo, la preocupación o la ansiedad y empezar a hacer cambios positivos en tu vida? Aquí van 3 pautas básicas:

  1. El miedo es natural. Cuando hagas algo que sea nuevo o desconocido, piensa que puedes experimentar miedo o malestar, y que es normal.
  2. Si sientes miedo o ansiedad acéptalo como una parte de ti. No trates de resistir estas sensaciones o reprimirlas, pues al hacerlo lo único que consigues es intensificar el malestar sin saber por qué.
  3. Si quieres emprender algo fuérzate a dar el primer paso. No permitas que el miedo te paralice y te impida avanzar. Continúa con lo que estés haciendo y trabaja la incomodidad que sientes. Con la práctica puedes ir reeducando tu cerebro y la amígdala dejará de entrometerse en situaciones donde no hay amenazas de vida o muerte.

Lo fundamental es aprender a superar aquello que nos limita para poder crecer y cambiar.Y uno de los pasos importantes es aceptar nuestros miedos e impulsarnos más allá de la aparente necesidad de frenarnos ante lo desconocido y permanecer a salvo.

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