Estamos en la era digital y no paramos de inventar aplicaciones para medirnos y dejar constancia de todas nuestras capacidades. Medimos el esfuerzo empleado en una actividad, la frecuencia y los resultados. Nos hace sentirnos bien, es más, nos gusta contarlo y hasta difundirlo. ¡Somos unas máquinas!
Pero, ¿y si inventáramos un aparato que midiera nuestra inactividad diaria o cada vez que fallamos?, ¿tendría sentido o utilidad real?, ¿alguien lo querría?
Si hay algún aparato que aún no está inventado y que sería un triunfo venderlo se llamaría “excusómetro”. Se me antoja un aparato resistente a prueba de calentamientos. ¿Quién quiere uno? Un aparato que midiera la cantidad y variedad de excusas que ponemos al día para no hacer lo que tenemos que hacer. Que cada vez que dijéramos alguna excusa se encendiera y que llegara a quemarte, o que emitiera un pitido a modo de alarma. Incluso que nos enviara mensaje efectivo en tono reprimenda (“¡te estás escaqueando!”) o más cariñoso (“¡venga campeón@, tú puedes!”).
Las excusas son un invento del hombre moderno. Imagínate que hubiera pasado si nuestros antepasados en la Edad de Piedra hubieran empleado cualquier excusa en sus obligaciones diarias.
Tener pensamientos negativos y caer en la tentación de la comodidad es fácil. Pero, a falta de “excusómetro”, vamos a ver cómo podemos combatir la actitud negativa con argumentos claros y certeros.
Por ejemplo, puedes retarte a ti mismo y utilizar la técnica de sustitución + acción inmediata: sustituir cada pensamiento negativo por tres positivos (siempre 3 a 1 para que no haya dudas) y, sobre todo, ponerte en acción.
A continuación trabajaremos algunos casos mediante la acción. En el ranking de las excusas más sonadas están:
“No tengo tiempo”
Seguramente te sobra tiempo, porque lo pierdes en actividades poco productivas. Lo único que tienes que hacer es apuntar en una hoja  todas las actividades que haces al día, analizar, eliminar y/o delegar, planificarte mejor, evitar interrupciones y elaborar un nuevo calendario. Puedes sacar una hora al día o a la semana como mínimo para hacer lo que quieras o tengas que  hacer. Tan solo media hora perdida al día son 120 horas al  año… ¡un mes de trabajo!
“No tengo dinero”
Depende. ¿En qué inviertes tu dinero? No somos conscientes de la cantidad de gastos que realizamos en cosas innecesarias. Muchas actividades de hoy en día son de poco dinero o gratuitas. Incluso existe el sistema del trueque o la economía colaborativa. Puedes crear una empresa de servicios con pocos recursos. En todo caso, ¿has probado a buscar información o  ayuda?
“Ya lo haré mañana”
Otra frase típica cuando pensamos que mañana será otro día y ya veremos qué sucede. Pues que mañana se te acumulará el trabajo. Comprométete contigo mismo ahora, empieza en este mismo momento que lo piensas, ponte un reto y un premio diario, semanal, mensual y anual. Si trabajas todos los días, todos los días del año hay premio (y no sólo unas vacaciones al año).
“Estoy perdid@”
Bien, porque lo primero es reconocerlo. Puedes empezar por definir, desglosar, decidir, indagar, buscar ayuda o preguntar. Mientras trabajas en tu objetivo irás haciendo el camino sin darte cuenta. Es increíble pero cierto.
“No puedo o no soy capaz”
Falso (perdona que te lo diga). Sí que puedes, será que no quieres ¿cómo puedes saberlo si no lo intentas? Créetelo. Entrena tu mente, visualiza tus resultados. Escribe tus logros pasados. ¡Seguro que has hecho cosas más difíciles! Cuando tomas la decisión de hacer algo que en teoría “no puedes” te liberas y hacerlo te llevará a la gloria.
“Menudo rollo”
De acuerdo. Hay actividades muy aburridas, pero puedes pensar en maneras de hacerlas más divertidas: echa imaginación, rodéate de gente positiva. Mezcla la actividad con algo que te guste. Seguro que no todo es aburrido. A veces, nosotros mismos hacemos que las cosas sean divertidas o aburridas.
“No merece la pena”
Primero tendrás que empezar a trabajar para llegar a esta conclusión y segundo, desde una perspectiva global evaluar y decidir. Ni todo es negativo ni todo es positivo, es importante relativizar. Siempre habrá cosas en este proceso que hayan merecido la pena, porque te habrán servido para aprender o mejorar.
“No es de mi competencia o de mi incumbencia”
Una frase muy arriesgada hoy en día. Entérate si de verdad no es cosa tuya porque trabajamos y vivimos en entornos colaborativos con fines comunes y algo de responsabilidad puede que tengas. En todo caso plantéatelo, porque cuando ayudas a alguien te estás ayudando a ti mismo.
También hay muchas otras excusas que se refieren a nosotros mismos: soy exigente o no lo soy, soy perfeccionista o no, soy demasiado mayor, demasiado joven, soy lento, rápido, soy así… y así hasta el infinito; excusas que se refieren a los demás: esa persona es tal o cual o a factores externos: la política, la sociedad, el mundo etc. Bien, trabajemos lo que está en nuestra mano. Tú eres quien quieras ser y puedes serlo desde este mismo instante. Como el que deja de fumar y se convierte automáticamente en exfumador. Sólo nosotros somos responsables de nuestras (in)decisiones.
En definitiva, decide, pero sé consciente de tus acciones.
Cristina Shima está especializada en el desarrollo de talento y mejora profesional. También es Cofundadora de Innovación y Talento (Universitario con Trabajo y Profesional & Empleo). 
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