Toda empresa moderna sabe que la única vía de proyectarse a futuro es innovar. Nada de lo que hoy se fabrica y vende se fabricará y venderá igual dentro de veinte o treinta años, e igual sucede con los servicios, que habrán cambiado y se ofrecerán de forma distinta dentro de muy pocos años.

Esta realidad nos evidencia que las empresas que no estén abiertas al cambio, y a la mejora de sus productos o servicios, no tienen futuro. Y respecto a este cambio que se ha de producir, y que se nos vendrá encima antes de darnos cuenta, hay que saber dos cosas: o somos nosotros los que lo provocamos, innovando, o serán otros quienes lo hagan en nuestro lugar, en cuyo caso iremos siempre a remolque.

De esto que acabamos de señalar todos somos más o menos conscientes. Pero innovar no parece ser tarea fácil. Ponemos todo nuestro empeño en ser originales y creativos y no logramos nada. Qué es lo que tenemos que hacer, nos preguntamos. Y generalmente no encontramos respuesta.

Aunque no lo creamos, inventar es una actividad que tiene método. No es casual que los inventos nazcan siempre en las mismas manos. Porque no hay inventor de éxito que no haya sido capaz de realizar en su vida más de un invento de interés, además de muchos experimentos interesantes. Que esto sea así se debe a que ellos eran conocedores del método, y no tanto a que fueran mentes privilegiadas y más listos que nadie.

En España se han dado algunos casos paradigmáticos de inventores con método. Uno ejemplo fue Manuel Jalón, el conocido “inventor de la fregona”. Jalón se formó como ingeniero aeronáutico y fue director de mantenimiento de la base aérea militar de Zaragoza. O sea, era un gran técnico. Pero él tenía, como muchos otros españoles, un espíritu innovador muy potente, y su suerte fue saber canalizar su creatividad. De ahí que durante su carrera fuera capaz de crear grandes inventos, no solo la fregona. Uno muy importante fue la jeringuilla hipodérmica de plástico que se extendió por todo el mundo. Otro fue una cubitera de hielo tan sencilla e ingeniosa que se convirtió en la más vendida de Europa. Otro supuso una mejora notable de los tupperware.

Lo curioso es que el método utilizado por Manuel Jalón para inventar está al alcance de todo el mundo. Es el mismo que han utilizado todos los grandes inventores y el mismo que puedes utilizar tú a partir de ya. Te lo explicamos en 7 puntos:

1. Provoca el ingenio

Nada de lo que tenemos a la vista, de lo que ya conozcamos, o de lo que mañana podamos conocer, es inmejorable o insuperable o carece de alternativa. Dicho de otro modo: todos los productos y servicios son susceptibles de tener una alternativa.

Deja atrás pues tu ciega admiración por lo que ponen en tus manos y piensa que tú puedes aportar ideas y soluciones que mejoren, hagan más funcional o distinto, ese producto. Para ello, pon siempre bajo examen todo lo que pase por tus manos.

2. Sé humilde con tus descubrimientos

No te conformes con la primera solución que obtengas. Piensa que hay millones de personas tan listas como tú que también conocen el problema que te has planteado y que quizá ya estén trabajando en darle una forma a la solución que ellos hallaron. No por ello te desalientes, porque la suma de conocimientos que tú posees es distinta a la de cualquiera de los demás y puede que sea justo la combinación de aptitudes que tú tienes la que hará posible la mejor solución.

3. Sé exigente técnicamente

Si crees haber hallado una buena solución, da lo mejor de ti mismo para hacerla casi perfecta. Piensa que muy pronto otros te seguirán con la intención de mejorar tus soluciones.

4. Ten visión comercial

Todos los creadores que tuvieron éxito supieron darle la perfecta forma comercial a su producto o servicio. Esto es esencial. Debes ser consciente de que el usuario solo compra lo que necesita o lo que desea.

Aprende pues a conocer sus necesidades y sus deseos.

5. Busca los mejores aliados en I+D+i

Si eres principiante, muy probablemente el proyecto de lanzar un nuevo producto te quede grande. Acude en este caso a los centros donde mejor apoyo te pueden dar. Debes saber que en las universidades y en los centros tecnológicos están abiertos a recibir y apoyar buenas ideas. Llega a acuerdos con ellos sin dejar de empujar por tu cuenta, pues al fin y al cabo corresponde al promotor del proyecto conseguir que nunca deje de haber avances diarios.

6. Registra y defiende tus soluciones

En el mundo del I+D+i solo existe una manera de rentabilizar las inversiones realizadas y obtener un valor añadido con tu producto que te permita crecer: se trata de la propiedad industrial, o sea, patentes y marcas. O en su lugar, la propiedad intelectual, como autor.

7. Mantente vigilante y explota tu ventaja

Cumpliendo los 6 pasos anteriores habrás completado el ciclo normal de nacimiento de un producto. Ahora te toca saber qué ha hecho la competencia, si ha reaccionado a tus propuestas o no, y has de examinar nuevamente el mercado. Conseguiste erigirte en punta de lanza en un área del conocimiento y esto te permitirá ir en ventaja durante un tiempo mientras sigas avanzando. Cualquier nuevo descubrimiento que surja en esta pequeña área de conocimiento tuya debería de venir siempre de tu mano. No dejes que la competencia te tome ahí la delantera. Llegado a este punto, te habrás convertido en un creador.

Dicho así, sintetizado en los anteriores siete puntos, podría parecer sencillo innovar. Por supuesto, no lo es. Ahora bien, todos los grandes creadores siguen siempre este mismo modelo. Es bueno que tú lo conozcas.

Antonio Monturiol es diseñador industrial y escritor, y coautor, junto a Juli Capella, del libro De la fregona al airbús de LID Editorial

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